martirio de deseos que me corren
marcas de manos huellas en mi cuerpo
marchas de pies desnudos
en mi pelvis
martillos en mis labios de
lengua de mar salada
martirio de deseos que me corren
marcas de manos huellas en mi cuerpo
marchas de pies desnudos
en mi pelvis
martillos en mis labios de
lengua de mar salada
Madam de B se acercó a la cocina y puso agua a calentar para el mate. Prendió un cigarrillo y se sentó a recordar la noche anterior. La noche en que el Marqués de T le hundió la lengua en la oreja –una lengua de palabras densas y oscuras. Ella se limpió la boca con un repasador –la saliva se le escurrió por el labio– y comenzó el mate dando una escupida verde y certera en la bacha de la mesada. Abrió la canilla y las ideas se le escaparon con el agua verde por la cañería.
Mejor no pensar. Recordar la noche anterior. La noche en que el Marqués de T le hundió los dedos entre los labios –en babas.
Contagia perfumes
de sudor adolescente
el entusiasmo de la inminencia
de la edad adulta
sufriente