26
mar
09

el embelesador

Cuando llega el Embelesador, un tibio aroma familiar y un arrastrar los pasos en la escalera lo preceden. Hasta el momento de su esperado regreso, un hueco denuncia en mis entrañas su ausencia, pero ante su contemplación soy traída nuevamente a mi hogar.
El Embelesador constata mi bienestar y juguetea con retoño de su embeleso. En ese preciso instante, comienza mi arrobamiento y un henchir el pecho inspirado.
Yo aún no comprendo el mecanismo de su encantamiento –temo terminar de descifrarlo, por no espantar el hechizo– pero intuyo que allí intervienen ingredientes diversos, a saber: un tibio aroma familiar, un tacto encendido, un mirar afilado, una palabra enigmática, especulación, intelecto y porte.
Mi instinto de supervivencia se agudiza cuando el mundo exterior o el mundo interior requieren su presencia. De ese modo, extiendo mi transcurrir hasta esa nueva siguiente ocasión en que el embelesador, en su retorno, vuelva a ejercer su arrebato.

Silvia Insaurralde


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